En segundo término, al igual que un músculo, la fe necesita alimento y ejercicio para crecer. El alimento espiritual se obtiene leyendo y asimilando la Palabra de Dios. Y la fe se ejercita poniéndola en acción. Así que aliméntala y practícala mediante plegarias y acciones.
De todos modos, no tienes que esperar a tener una fe sólida para empezar a recibir Mi ayuda. Si necesitas resultados ahora mismo pero te parece que no tienes suficiente fe para obtenerlos, pídeme que te la aumente. Sé como el hombre de la Biblia que me rogó que sanara a su hijo sordomudo (Marcos 9:17-27). Tenía sobrados motivos para dudar de que alguna vez eso fuera a cambiar; y en efecto, dudaba. Sabía que su fe era débil. De ahí que cuando le pregunté si creía que era capaz de sanar a su hijo, respondió: «Señor, creo; ayuda mi incredulidad». En el momento en que admitió su insuficiencia y me pidió ayuda, obtuvo tanto la fe como el milagro, y su hijo fue sanado instantáneamente.
