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Cómo funciona la fe

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Cuando piensas que una fe no mayor que un grano de mostaza es capaz de mover una montaña (Mateo 17:20), te imaginas que tu fe debe de ser en verdad muy pequeña, puesto que muchas de tus súplicas al parecer quedan sin respuesta. Sé que eso puede descorazonarte. Sin embargo, no debe ser motivo para que no me pidas que obre un milagro cuando lo necesites.

Hay un par de cosas que debes saber acerca de la fe: En primer lugar, no es algo que puedas alcanzar o incrementar por tu cuenta, sino un don de tu Padre celestial. 

En segundo término, al igual que un músculo, la fe necesita alimento y ejercicio para crecer. El alimento espiritual se obtiene leyendo y asimilando la Palabra de Dios. Y la fe se ejercita poniéndola en acción. Así que aliméntala y practícala mediante plegarias y acciones.

De todos modos, no tienes que esperar a tener una fe sólida para empezar a recibir Mi ayuda. Si necesitas resultados ahora mismo pero te parece que no tienes suficiente fe para obtenerlos, pídeme que te la aumente. Sé como el hombre de la Biblia que me rogó que sanara a su hijo sordomudo (Marcos 9:17-27). Tenía sobrados motivos para dudar de que alguna vez eso fuera a cambiar; y en efecto, dudaba. Sabía que su fe era débil. De ahí que cuando le pregunté si creía que era capaz de sanar a su hijo, respondió: «Señor, creo; ayuda mi incredulidad». En el momento en que admitió su insuficiencia y me pidió ayuda, obtuvo tanto la fe como el milagro, y su hijo fue sanado instantáneamente.

 

Estas palabras de Jesús las captaron hombres y mujeres como tú que simplemente pidieron a Jesús que les hablara. Invocaron la promesa bíblica, que reza: «Clama a Mí y Yo te responderé y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces[i]». Gracias a ello obtuvieron consejo, orientación y aliento.

Los mensajes de guía y consuelo que nos vienen en los ratos de oración personal expresan el gran amor y desvelo que nos prodiga Jesús. Él habla a todos los que crean en Él, le pidan que les hable y acepten que ese suave susurro[ii] que resuena en sus corazones es la voz de Él. Tú mismo puedes oír directamente a Jesús. Para interiorizarte más sobre el tema, te recomendamos que leas estos artículos.



[i] Jeremías 33:3

[ii] 2 Reyes 12:9 (NTV)

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