Si eres como la mayoría de la gente de hoy en día, seguramente te has acostumbrado a un ritmo intenso de trabajo y a obtener resultados rápidos. El inconveniente —o uno de los inconvenientes— de ese estilo de vida es que lo que ayer era suficiente, hoy en muchos casos da la impresión de que no lo es. El abrigar cada vez mayores expectativas acaba volviéndote más exigente con otras personas y con la vida misma.
Si bien te esmeras por seguir el ritmo general, no puedes evitar que algunas cosas tomen tiempo. La mayoría de las dificultades con las que te topas en el trabajo, de los trastornos de salud que sufres y de los conflictos que tienes con los demás no se resuelven con un clic del ratón ni apretando un botón.
La paz que Yo te puedo infundir sobrepasa todo entendimiento1, calma las tormentas y aplaca el estrés y la preocupación. Aunque se desate una tempestad y las olas se encrespen, te acosen y te zarandeen por los cuatro costados, no naufragarás, pues Yo soy el Amo de los Mares, y todo está bajo Mi dominio.
Permaneceré a tu lado siempre, cuando pases por montes, ríos y cordilleras, llanuras y praderas, cuando sufras los rigores de la lluvia, el sol, el viento, el calor y el frío. Sea cual sea la situación en que te encuentres, te manifestaré Mi amor, te sostendré y te ayudaré. Tendrás experiencias nuevas, profundas y transformadoras que te harán aprender y madurar. Me llegarás a conocer íntimamente. Descubrirás y valorarás los dones que tengo para ti. Comprenderás lo abundantes, perfectos y perdurables que son.
La capacidad de ver el lado positivo de las cosas es un don. Realza los momentos felices y hace más soportables los difíciles. Te da acceso a mayor alegría, uno de los muchos tesoros que encontraste cuando me conociste. El amor, la fe, la paz y la alegría son apenas algunos de los muchos dones que te prodigo para sostenerte e inspirarte.
Quiero que disfrutes de una alegría completa1; pero para que eso suceda hay algo que debes hacer: aceptar cómo eres y confiar en que te creé de esa manera con un maravilloso propósito, que te doté de una combinación única de dones, aptitudes y atributos que te ayudarán a encontrar el puesto que solo tú puedes ocupar en este mundo.
No te amo por lo que eres ni por lo que dejas de ser. No te amo por la clase de persona que eres. No te amo por lo que haces ni por lo bien que lo haces. No te amo porque hayas pecado poco o metido la pata con poca frecuencia, ni por las veces que has obrado con acierto. Te amo porque sí, sin condiciones. Aunque esa verdad resulte difícil de entender, cuando la captes toda tu vida cobrará un nuevo significado y mayor profundidad. Descubrirás una nueva realidad. En ti hay plenitud porque se te ama. Eres libre porque se te ama. Eres capaz de amar verdaderamente a los demás porque se te ama plena e incondicionalmente.
No decidí amarte a causa del amor que me profesas ni de lo que haces por Mí. Te amé desde antes que existiera nada de eso, desde antes de tu primer aliento.
Me necesitas. Necesitas lo que tengo para ti. Te hacen falta Mis fuerzas, Mi amor, Mi provisión, Mi protección. Tengo todo eso para ti y más aún. Soy tu fuente de vida, y dado que lo soy, tu vida puede ser espléndida, hermosa, plena y abundante en lo que sé que a la larga terminará teniendo más importancia.
Nunca te abandonaré ni te dejaré sin consuelo. Nunca te dejaré sin guía y orientación. Nunca permitiré que te falten la gracia y las fuerzas para librar las batallas de la vida. Nunca te dejaré sin respiro y sin posibilidad de reponerte después de ellas. No tienes por qué tener miedo ni caer en la ansiedad, pues Yo, que te amo como nadie, tengo un designio muy particular para ti.
Mi nacimiento fue un amoroso regalo que Mi Padre le hizo al mundo, pero también un obsequio para ti personalmente, un obsequio que no ha perdido ni pizca de vigencia.
Para quienes vieron la estrella, el coro de ángeles o el niño en el pesebre, fue una experiencia espiritual inesperada y sobrecogedora. Para los benditos —pocos, por cierto— que reconocieron al Mesías en aquel bebito, fue un sueño hecho realidad. Para ellos y para muchos millones más que desde entonces han creído, es la puerta de acceso a la vida eterna. Y eso no ha cambiado en la actualidad. Si celebras la Navidad en espíritu y en verdad, puedes sentir la misma admiración y gozo inefable, y ser beneficiario de la misma promesa.
La felicidad del espíritu es muy superior a la que nos aportan los sentidos. La llevas siempre contigo. Ni la noche más solitaria ni las nubes más grises pueden privarte de ella.
La felicidad material y sensorial es efímera. Depende de tu estado de ánimo, de las circunstancias, de lo visible y lo tangible. En cambio, la del espíritu viene del conocimiento de que soy Tu Salvador, de que te amo y velo por ti. Esas verdades son inalterables.
Hoy en día cada vez se escucha menos esa pregunta milenaria. Algunas personas no se la plantean porque están tan enfrascadas en la satisfacción de sus deseos y necesidades físicas que no se detienen a considerar sus necesidades espirituales. Otros la evitan porque tienen miedo de que la respuesta no sea de su agrado. Otros más no se la plantean porque no creen que tenga respuesta; su avidez innata de la verdad se ha visto aplacada por el descreimiento y el relativismo moral que predominan en las corrientes modernas de pensamiento.
Si te parece que tienes muchas desdichas, piensa en el apóstol Pablo: Fue azotado en cinco ocasiones, y en otras tres le pegaron con varas. En otra oportunidad lo apedrearon y lo dieron por muerto. Naufragó tres veces, y pasó un día y una noche a la deriva en alta mar. Se enfrentó a peligros en el mar, en el desierto y en las ciudades. Sufrió a manos de ladrones, de sus propios paisanos, de extraños y hasta de quienes afirmaban ser seguidores Míos. En muchas ocasiones lo encarcelaron y se vio privado de sus necesidades más elementales1.
A pesar de todo, no dejó de confiar en Mí. Animaba constantemente a los demás a poner los ojos en Mí, afirmando: «Estamos atribulados en todo, mas no angustiados», y: «En todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó»2.
Lo que a ti puede parecerte lógico en determinada situación no es necesariamente lo mejor, pues eres una persona falible. Además, puede que no se ajuste a Mi forma de ver la situación, pues «Mis pensamientos no son tus pensamientos, ni tus caminos Mis caminos. Como son más altos los cielos que la tierra, así son Mis caminos más altos que tus caminos, y Mis pensamientos más que tus pensamientos»1.
Es posible que por tu cuenta logres resolver acertadamente algunas cosas; pero te irá mucho mejor si aprendes a preguntarme Mi parecer y a pedirme a Mí que te indique las soluciones.